Aún no termina agosto y siento que ya ha pasado una vida. 6 días y todo se ha movido. He descubierto lo rápido que mi mente busca soluciones y también lo rápido que mi cuerpo busca regresar a mi respiración. Y me he permitido los dos.
Estos últimos días han estado llenos de turbulencias, y el tema con las turbulencias es que llegan sin avisar. Hay que aprender a pasarlas con calma, con la mente clara, para que no te lleven a un lugar donde no quieras estar.
En estos días he metido la pata, pero maaaal...jaja. Me ha sorprendido todo lo que puede pasar en 24 horas, pero más que nada, me ha hecho reflexionar cuánto permiso nos damos de estar mal. De equivocarnos sin culparnos, del tiempo que tomamos en perdonarnos y en soltar.
El otro día mi prima me contó una historia.
El día de mudanza a su nueva casa, a una de sus mejores amigas se le cayó la caja en la que iba la vajilla que le habían regalado el día de su boda. Mi prima se sentía tan mal de ver la tristeza y la culpa que sentía su amiga, que decidió desde ese día poner una regla, regla que sigue viva hasta hoy. Cada vez que algo se caiga o se rompa decimos “¡Ópa!”. Para liberar la carga emocional, para recordar que la vida sigue y que nadie se vuelva a sentir tan mal por un error. (y btw, siguen siendo amiga jaja)
Esta historia me dejó pensando en dos cosas.
Lo fácil que es culparnos y lo difícil que es perdonarnos cuando nos equivocamos.
Tal vez no he roto una caja llena de vajilla… pero sin importar lo que lleven las cajas que se me han caído, cuando me equivoco siento cómo todo el cuerpo se contrae, sin darme cuenta me aguanto la respiración y enseguida me comienzo a sentir fatal…. La culpa is a bitch! sabe como jugar. Es un estado físico y mental al cual no le quiero dar mi energía y en el que prefiero no quedarme más tiempo del que después me cueste salir (sigo aprendiendo)
Estos días en los que he sentido que he ido apagando mini incendios y donde la turbulencia me ha mareado, me he dado cuenta que a veces lo mejor que podemos hacer es seguirnos moviendo y regalarnos más permisos:
Permiso de equivocarnos, permiso de perdonarnos, permiso de culparnos y sentirlo todo y también permiso de salir de ese espacio.
¿Si hoy pudieras permitirte algo, qué sería? ¿Qué regalo te darías?
Facilidad de aceptar lo que no podemos controlar y de no olvidarnos de que la vida sigue en medio del caos.
La culpa se sostiene el tiempo que nosotros la mantenemos presente. Y se va en el momento que nosotros la dejamos ir.
En vez de reaccionar con enojo o tristeza cuando algo se rompe, los griegos responden con “¡Ópa!” como una forma de darle la vuelta a la situación y mover la energía. Es una forma cultural de soltar y de transformar lo inesperado en gozo y de celebrar el caos.
Es curioso cómo, cuando le das todo el poder a un problema, crece. Y es aún más curioso cómo, cuando le quitas el poder a este, y el que crece eres tú.
Las palabras tienen mucho poder, tienen vibraciones. Los pensamientos, los sentimientos y las emociones también. Cuando algo se siente estancado, es porque nosotros mismos le damos nuestra atención y no lo soltamos.
Es por eso que me encanta cómo los griegos, con una sola palabra, logran soltar la tensión. Soltar el juicio de bueno y malo y seguir celebrando mientras se permiten aceptar lo que no pueden controlar.
Me parece una delicia la facilidad con la que podemos sacudir el juicio que ya hicimos solido al concluir que fallamos y llevarnos a un nuevo espacio para transformar algo “malo” en una nueva posibilidad.
¿Y creo que de eso se trata verdad?
A veces nos quedamos demasiado tiempo sosteniendo la tensión y aguantando la respiración, que se nos olvida que relajarnos es uno de los mejores regalos que nos podemos dar cuando algo se resbala de las manos. Y no hablo de relajarnos a un punto de irresponsabilidad, sino de aceptar lo que no podemos controlar y escoger a qué le vamos a dar más vida y nuestra energía.
Estos días han sido un recordatorio de eso. De que puedo escoger mi fácil y mi difícil. Que puedo escoger los espacios en donde me quedo y a los que me llevo. Que hay cosas que se van a salir de mi control, pero cuando me enfoco en lo que si está, la vida te sorprende con algo mejor.
Estos días han sido de desaprender como reaccionar y de volver a aprender desde dónde accionar. Esto me ha recordado que podemos tener facilidad en medio del caos.
Relajarnos es una invitación a estar en sinfonía con los regalos que trae el movimiento. Relajarnos es el poder de gritarle “¡Ópa!” a la vida, aceptando que van a haber turbulencias que nos hagan soltar varias cajas mientras seguimos caminando ( o celebrando).
Con Cariño,
Vale
¡ÓPA!


